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Uno de los cánticos más escuchados y proferidos en los días de la revolución en la calle, y uno de los rayados más comúnmente encontrados en las paredes por esas semanas, era "Chile será la tumba del neoliberalismo". Tanto así, que pareció transformarse en el cántico de guerra de grupos de personas – grupos que no puedo ni quiero evitar pensar se transformaron en la Lista del Pueblo –, algunos individuos que pensaban, creían, sentían que el gran problema elmodelo económico en Chile. Que, por supuesto, lo era. Lo es. Y lo es, junto con muchas cosas más. Pero me desvío. El término "neoliberal" no sólo se transformó en una ofensa (ignorante y divertida, sea dicho de paso), sino también en un adjetivo propio, con personalidad, domicilio político y carga moral. Así como casi diez años antes, el "lucro" se había transformado en un chivo expiatorio, ahora la Escuela de Chicago recogía lo que sembró con la doctrina del shock.

Twitter, que en esa época se llamaba Twitter y no como ahora que se llama algo distinto a Twitter que me rehúso terminantemente pronunciar porque a la mierda Elon Musk, hervía con referencias a esta frase, variaciones y memes al respecto. Y los primeros días de la revuelta eran muy bonitos en ese respecto: ventas autogestionadas, grupos de soporte, muchas cosas muy anarquistas en su esencia proliferaban en las calles y veredas del centro como si fueran Gremlins tocados por la lluvia. Era algo hermoso y desconocido de ver.

Fue en esa época en la que empecé a leer y buscar y entender y amar el anarquismo político. Más la vertiente estructural que la sindical, quizás en virtud de mis propios privilegios y sesgos. La idea de una sociedad autodeterminada por acuerdos acordados por todos los integrantes de una sociedad, donde todos tienen poder político y visión cívica, era - y para mi aún lo es - embriagante en una forma que no conocía. Las discusiones políticas que tenía se tornaron terriblemente interesantes, y los contrastes que podía hacer con las visiones comunes y corrientes, electrizantes. Para una persona tan política como yo, el descubrir un mundo nuevo (que incluso me llevó a replantear, años después, mis ideas y certezas relacionales) tan rico y tan prolífero y tan intelectual y a la vez práctico, fue una revelación. Ahí supe qué quería de esta vida, e iba a seguir mi vocación: ser oposición por el resto de mis días. Porque ser anarquista, ser extremoizquierda, es una condena política también, cuando te das cuenta que jamás vas a tener poder político institucional y que vas a ser oposición por toda tu vida política. Como ser comunista en Chile, pero peor porque no tienes representación en ningún lado, porque tus compañeros anarquistas son tan incapaces como tú de ponerse de acuerdo en algo sin tener decenas de discusiones asambleístas. Por último, los comunistas son disciplinados y se cuadran con las decisiones de sus cúpulas; los ultrones zurdos no somos capaces de decidir si el asambleísmo es bueno para nosotros, dentro de una asamblea. Qué triste que es eso.

Pero, de nuevo, me desvío del tema. Se me va a hacer costumbre esto, de hablar de una cosa y terminar en otra #badumtss Es un chiste gracioso porque lo hago siempre desde siempre, probablemente a cuenta de mi neurodivergencia, entonces es gracioso porque es verdad, lo entiendes? Creo que podría hacerlo un mejor chiste si lo repito, partimos desde cero? Lo intentamos? Pero no es muy intelectual el chiste, cierto? O sea, está divertido, cierto? No estoy preguntando mucho? Será que -

La idea, la noción de que lo único que estaba mal con El Modelo era la pieza económicopolítica aportada por la ideología neoliberal de Milton Friedman era , y sigue siendo, creo yo, ilusa. Por cierto que las matemáticas econométricas permitían ciertas libertades humanas dentro del modelo de consumidor racional, y de ello los economistas y teóricos estaban al tanto y lo impulsaban: son míticas ya las intervenciones de José Piñera respecto del modelo "perfectible" del "Mercedes de las pensiones", y no me refiero a esas noticias de los 80s que hablaban de pensionarse con el 100% del sueldo, sino las entrevistas que llevó en los fines de los 2010s, a propósito de movimientos como No Más AFP y Con Mi Plata No. Pero cuando todo está dicho y todo está hecho, la pieza económica no es la única, y quizás tampoco la más importante, toda vez que es un habilitador para el uso y abuso del poder político y sociocultural por parte de quienes están en un sitial de mayor privilegio respecto del resto de la sociedad. Porque es la condición cultural de una persona, y su crecimiento espiritual y también intelectual, lo que permite el aumento de capitales humanos (culturales, políticos, sociales, simbólicos, entre otros), y quienes definen el estadío y la clase social de un individuo, siendo la dimensión monetaria sólo uno de los múltiples ingredientes. Pero a través de una cultura de excepcionalidad por el consumo, nos enseñaron que tener más era ser más. Entre las Nike Shox, los bolsos Gucci y Armani, y los iPhone Pro Max Ultra Flip Fuck, era posible no ser pobre de verdad, sólo ser pobre endeudado. Recuerdo haber visto carteles, varios y en varios sitios, que hablaban de esa idea: "no eres clase media, eres pobre con deudas". Y esa frase cambió mi vida – entre tantas cosas que la cambiaron en esa época.

Aprendí hace poco que la fobia a la pobreza, y a los pobres, se llama aporofobia, y llega al punto de que hay gente que la cataloga como la fobia más común. En un mundo postcapitalista, predominantemente protestante y de valores cristianos trastocados, que el mundo deteste la pobreza tiene todo el sentido del mundo. Y es esa fobia la que mueve mucho de la maquinaria de El Modelo. Y es esa fobia la que, creo firmemente, llevó a las gentes a llenar las calles y esperar por horas a que una tienda de zapatillas abriera en el Florida Center (que ni la elegancia de escribirlo en inglés británico), causando el primer gran golpe cultural a la idea de que podíamos superar el capitalismo salvaje que nos aqueja. Me acuerdo mucho de mis "amigos" fachos, gente con la que compartí en la universidad, burlándose de la frase que pudo ser un mantra pero terminó siendo un chiste: "aqui se muere el capitalismo hermanooooooo". Me acuerdo de la pena que me daba ver que uno de nuestros sueños, una sociedad menos materialista y menos capitalista, se alejaba, una venta de zapatillas a la vez.

Todo por borda por unas zapatillas. Que, muy irónicamente, alguien de seguro usaría para arrancar del guanaco de los pacos.